¿Sientes que Dios está lejos? Descubre la prueba de Su amor.

Me gusta pensar que soy una persona bastante racional. Soy de las personas que aprendí a hacer preguntas, proponer hipótesis, poner a prueba mis ideas, recopilar evidencia con sumo cuidado y presentar descubrimientos con confianza, pero sin pretender certeza absoluta.

Desafortunadamente, son demasiadas las ocasiones en que las emociones turbulentas nublan mi razón. Olvido observar con cuidado la evidencia y me conformo con saltar a conclusiones basadas en lo que siento en ese momento. Como es de esperar, mi esposa suele ser la víctima número uno de mi racionalidad quebrantada.

A veces es un momento fugaz y ridículo. Le pregunto: «¿Me amas?». Usualmente, solo se me queda mirando con ojos muy abiertos… o a veces suele decirme: «Claro, te amo». ¿Qué pasará por su mente, me pregunto? Yo igual gruño y digo: «Te levantaste a poner el desayuno en lugar de abrazarme más tiempo».

En otras ocasiones, la tormenta interior es más insistente y abrumadora. Me convenzo a mí mismo de que mi esposa se cansará de mí y me abandonará. Mi matrimonio será un fracaso. En lugar de recopilar toda la evidencia con cuidado —sí, fui áspero, pero mi esposa me perdonó, me abrazó y me dijo que me ama—, ignoro los momentos maravillosos de nuestro matrimonio imperfecto y pongo bajo el microscopio cada discusión.

Poco a poco he aprendido a expresar en voz alta lo que sucede en mi cabeza. Por ejemplo, me acerco a mi esposa y le digo: «Amor, ¿me amas mucho?». Y ella me responde: «Sí, amor, te amo». Y me pregunta: «¿Por qué lo dudas? claro que te Amo». Yo decido creerle, aunque no pueda cambiar lo que siento.

Quizá leas todo lo anterior y te parezca que mi esposa se casó con un loco (te entiendo). Pero tal vez puedas identificarte. No tienes que estar casado para hacerlo… muchos cristianos actuamos de la misma manera con Dios.

A veces, en nuestra relación con Dios, nos encontramos haciéndole preguntas similares. «Señor, ¿estás aquí? ¿Realmente me amas?«.

Los sentimientos nos engañan. Podemos atravesar problemas económicos y sentir que Dios no provee. Podemos sufrir una enfermedad sin diagnóstico y pensar que Dios nos ha olvidado. Tal vez estamos luchando con un pecado recurrente y nos convencemos de que Dios ya se cansó de nosotros. En medio del dolor y la incertidumbre, nos preguntamos: «¿Por qué parece que no te importo? ¿Por qué no haces algo?«.

Pero la realidad es que Dios nunca ha estado ausente. Somos nosotros quienes dejamos de mirar la evidencia completa. Nos enfocamos en las dificultades, interpretándolas como abandono, mientras ignoramos la mayor prueba de Su amor: la cruz.

En la cruz, Dios hizo una declaración irrefutable. Cristo tomó nuestro lugar, llevó nuestra culpa y nos reconcilió con el Padre. No lo hizo porque lo mereciéramos, sino porque Su amor es más grande que nuestras dudas. Su sacrificio es la evidencia definitiva de Su amor eterno.

Es cierto que a veces no sentimos Su amor o Su cercanía. La confusión y el sufrimiento nos hacen creer que Dios está en silencio. Pero la evidencia sigue ahí: el Hijo de Dios murió y resucitó para asegurarnos un lugar en Su presencia. Rasgó el velo que nos separaba, asegurando que jamás estaríamos solos.

Cuando nuestra alma esté turbada, debemos recordarnos la verdad:

«¿Por qué te desesperas, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarlo otra vez» (Salmo 42:5).

Aunque la duda nos asalte, podemos hablarle a nuestro corazón y decirle: «Mira la evidencia. Decide creer». Como aquel hombre que clamó a Jesús, podemos decir:

«Creo; ayúdame en mi incredulidad» (Marcos 9:24).

Es cierto que no siempre podemos cambiar lo que sentimos. Pero podemos obedecer y decidir confiar. No estamos siendo hipócritas al declarar la verdad de Dios cuando no la sentimos; estamos ejercitando nuestra fe. Y lo más maravilloso es que Dios sí puede transformar nuestro corazón.

A veces, en medio de las batallas diarias y la tormenta de nuestras dudas, sentimos que Dios se ha distanciado. Pero seamos claros: ese aparente silencio no es un abandono, sino una invitación a profundizar en una comunión más íntima con Él. No confundas la falta de notificaciones push celestiales con su ausencia; Dios nunca se desconecta, simplemente actúa en la sutileza de lo cotidiano y en la firmeza de su Palabra.

Cuando todo parece incierto, y el alma clama en medio del desierto de emociones, recuerda: la fe no se mide por la intensidad de nuestros sentimientos, sino por la perseverancia en confiar en la inmutable verdad de Dios. En esos momentos de aparente lejanía, Él obra en lo invisible, fortaleciendo tu espíritu y preparándote para un encuentro renovador.

No esperes señales espectaculares ni milagros a la moda; la verdadera presencia divina se revela en cada pequeño acto de amor, en cada susurro de esperanza en medio del silencio, y en cada amanecer que te recuerda que nunca caminarás solo.
Te despiertas cada mañana con el regalo invaluable de la vida. Tienes la capacidad de realizar tus actividades, sean muchas o pocas, con la claridad de pensamiento que Dios te ha dado. Puedes sentir, respirar, ver a los tuyos y experimentar cada día como una nueva oportunidad de gracia. No des por sentado estas bendiciones; cada una de ellas es una muestra del amor y la fidelidad de Dios en tu vida. Que en cada aliento y en cada momento encuentres razones para agradecer y vivir con propósito.

Y hay una esperanza aún mayor: un día, cuando estemos en Su presencia, nuestra razón y nuestras emociones estarán alineadas con la verdad. Ya no lucharemos con dudas, ni con miedos, ni con sentimientos de abandono. Hasta que llegue ese día, sigamos recordándonos a nosotros mismos la verdad: Dios nos ha amado con amor eterno. Y esa es la evidencia que nunca cambiará.

¡Sigue adelante con valentía y determinación, sabiendo que el futuro está en manos de un Dios que jamás falla!

Compartir en:

Artículos Destacados

Vida Cristiana

Memorizando la Palabra de Dios

Recordando pasajes bíblicos que transformaron mi vida “He guardado tu palabra en mi corazón, para no pecar contra ti.”(Salmo 119:11 NTV) Memorizar la Palabra de

Leer mas »

Articulos

Multimedia

Enlaces

error: Content is protected !!